Castellano Euskara Desde el Ojillo vuelo raso pasa por la del medio y a la ría
El Puente y la chica
Rápidamente baja por la cuesta de las maderas, mirando por encima de los edificios a ver si divisa los cables del Puente, no, no se ven, estará en la otra orilla.
Su pelo rubio lacio, con permanente que no permanece, el vestido sin mangas y de estampado incierto, permanece inmóvil en su cadera mientras su culo se mueve dentro al paso de su carrera.
Si pierde este puente, el autobús se va, la señora está muy harta de sus retrasos, pero nada dice cuando se tiene que quedar más a causa de que el niño se lía con sus amigos. ¡Bah!, el día que conocí a Paco, nos sentamos junto al embarcadero del bote y nos hartamos de contar las columnas de luz que reflejan las farolas en la Ría, solíamos volver de novios, siempre por la noche, nos besábamos hasta la inflamación, después más relejados, hacíamos planes, tú Paco ibas a regentar una empresa de decoración e interiores, yo tras acabar mis estudios de administrativo, sería tu secretaria, habíamos decidido que viviríamos en las Arenas, pero… La indecisión, tu contrato fijo de pintor, los niños…
¡Jóder! ¿Qué es esto? Otra maldita caca de perro, a lo lejos se retira (¿San?) Roke con su lazarillo, ciego o asceta, pensando en florcillas. Garbiñe sacó un pañuelo y trató de limpiar como pudo la parisina… Se fue el maldito Puente.
Veamos:
Nos encontramos ante un sujeto que permanece de pié, como mirando al cielo, a los balcones, pseudo distraído. De su mano pende una correa de perro, sin tensión, descuidadamente procura que la escena no llame la atención, el animalillo, el perro, se afana en olfatear el lugar exacto, el blanco de la diana, donde depositará su caquita. Este es el momento más comprometido, hasta ahora todo era controlable, el nerviosismo es más evidente en el sujeto, Trontxo coloca su lomo bajo en posición descendida y pone esa carilla lastimera que denota el inicio del hecho fatal. Jóder, Trontxo, ¡Justo en mitad de la acera!, ¡Podrías hacerlo en la carretera o en el césped! En ese instante, por la calle perpendicular aparecen sendas señoras, asidas a sendos bolsos, llegadas a la altura del desastre fijan la vista en esos ojos suplicantes de Trontxo y de inmediato dirigen sus puñales hacia Amado, que se afana en descubrir si esa noche no hay luna o es que las nubes la tapan. Para añadir más ternura a la escena, el animal suelta un pedillo melodioso, que rebaja la tensión que reinaba en esa noche de Julio en la calle del Ojillo. La cuestión se zanja con un par de comentarios, a saber: ¡Guarro!, ¡el dueño es más animal! Oigan señoras que yo siempre lo recojo, metió la mano en el bolsillo y con un pañuelo de papel se hizo con la mierdita calentita, ni dura, ni blanda y así, nació una sanísima costumbre que hermanó aún mas si cabe a esos dos seres.
Los vaqueros cortados a la altura de la pantorrilla, corrían las cuatro de una noche de agosto templada, las palabras ya se deslizaban de entre los dientes, el suelo de La Calle, hundido por un cóctel de kalimotxo, cubata, cerveza...Deslizante, la camisa de arrantzal desabotonada y mi sonrisa desabotonada igual, tus ojos atraparon los míos, a duras penas abiertos, que eras bailarina, menuda, pelo corto, unos ojos verdes deslumbrantes y lo mejor: Una nariz casi chata y respingona. Que me conocías, ah, ¿sí?, que te tomé en brazos, que eras bailarina, vaya, de las pocas de Portu, que calle Santamaría abajo proseguíamos, falda vaquera corta ajustada, que olía bien, que no me lo creía ,la sonrisilla estúpida no se me borraba de la cara, el Puente quedaba atrás y el espigón delante, en el piso bajo del espigón , nos tuvimos, la marea baja, las ropas a alquitrán y con el tran, tran de las olillas, la espumilla ruidosa se nos echó el sol a las espaldas, no has aguantado tanto como decías, ah ¿No?, vaya, será el cansancio, y tu piel, maja, delicioso tacto, que no he olvidado. Han transcurrido los años, no he olvidado un solo detalle y…No te he vuelto a ver, ¿Qué será de tus piernas?...De bailarina…pararé un día a tu hermana, la preguntaré por tus labios.
Suena la cafetera,silvando,vierto negro-negro,sobre blanco, cargo sobre los hombros mi peso a hierro, mi peso a plomo,desmenuzo las galletas entre los dientes, la vista en la cruceta de dos valdosas, punto de mira,zumbando las manecillas corren que se matan, hay que salir, aparto el aire que me para, cual aceite denso,hay que salir a respirar,calor que rompe mi nuez amarga, tos que no alivia, picor, salgo que me muero, la puerta me enseña la lengua que es la ría, marrón de lodo, el estúpido sujeto se mueve asquerosamente lento y confiado, esa araña que corre a babearme con su plomo,que silva una mazurca volátil,que los oidos se me revientan y la cabeza también, que caigo muerto entre los cables del puente colgante.Parece que nunca se mueven,pero si los miras con ojos
muy fijos puedes hasta oir como silva el viento que viene del Abra exterior .